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  • Consideraciones prácticas

     
     

    Si bien el sistema de arbitración de la GCA está concebida para que los exportadores puedan utilizar el sistema directamente desde los países de origen, es recomendable tener representación local en la arbitración. La administración de la GCA prestará toda la asistencia razonable posible para garantizar una audiencia equitativa aunque el demandado esté domiciliado lejos de Nueva York, pero el sistema supone que hay algunos hechos y procedimientos que todos los participantes entienden bien.

    Para evitar descuidos, un medio sencillo es que el exportador nombre a un importador local para que comparezca en nombre suyo en una arbitración. La mayoría de importadores prestarán este servicio gratuitamente y la práctica es bastante corriente. La representación local es útil por varias razones. En primer lugar los documentos y el muestreo progresan generalmente como mayor eficiencia. Cuando un documento o una orden de muestreo se traspapela, un representante local puede seguir la pista del problema más rápidamente. En segundo lugar estos representantes locales tienen en general más experiencia con el sistema de arbitración y pueden guiar al exportador para que evite ciertos escollos.

    Por ejemplo, está claramente establecido que los argumentos generales no son admisibles en las arbitraciones sobre calidad. Es decir que uno no puede pedir simplemente un descuento por motivos de calidad aduciendo que "el café es malo". Por otra parte, una persona experimentada señalaría que una reclamación sobre calidad no solamente deberá ser específica sino también abarcarlo todo. Han habido arbitraciones sobre calidad en los que un demandante se ha quejado únicamente sobre la clasificación del café. Al examinar las muestras los árbitros descubrieron también deficiencias de infusión, pero no consideraron que podían incluir el problema de la catación en su laudo porque el demandante no se quejó sobre la infusión. Un demandante experimentado presentaría una reclamación por ciertos defectos de clasificación (por ejemplo, granos negros, granos ácidos o cáscaras) "que a veces repercuten en la calidad de la infusión".

    La necesidad de tener representación local en las arbitraciones técnicas es más evidente. Los pormenores sobre el por qué y cómo se determinan las obligaciones contractuales pueden ser complejos. La experiencia del exportador suele estar orientada en general a las ventas, mientras que los importadores (y en definitiva la mayoría de árbitros técnicos) tienen una experiencia más amplia porque son a la vez compradores y vendedores en el mercado internacional del café.

    La última ventaja de tener representación local es que ayuda a comprender mejor el laudo. La mayoría de laudos son declaraciones muy simples del tenor siguiente: "Sobre la base de las pruebas presentadas, fallamos a favor del vendedor [o del comprador], corriendo los costos del arbitración a cargo del comprador [o del vendedor]". Es raro que un laudo incluya alguna explicación sobre por qué los árbitros decidieron lo que decidieron.

    La mayoría de árbitros son personas experimentadas en el comercio del café, con experiencia tanto de compradores como de vendedores internacionales de café, por lo que entienden ambas partes de la transacción. Quienes ven el comercio del café únicamente desde una parte, como los exportadores, no siempre aprecian por qué y cómo determinada acción o falta de acción pueden hacer que su interlocutor sufra pérdidas o daños, y no es raro que algunos consideren que se les ha tratado injustamente en el proceso de arbitración. Quien no haya vivido el negocio desde ambas partes no puede siempre entender que la otra parte puede haber quedado perjudicada legítimamente por sus acciones y a veces puede pensar que la otra parte ganó el laudo por alguna parcialidad en el sistema de arbitración.

    En las arbitraciones sobre calidad los árbitros no saben quiénes son las partes en la controversia. Sólo ven la reclamación y la respuesta del demandado, sin nombres. Después, es el mismo café quien tiene la palabra. Por consiguiente, la parcialidad en las arbitraciones sobre calidad es prácticamente imposible. En las arbitraciones técnicas, los árbitros ven los nombres de las partes pero ellos son a la vez compradores y vendedores de café y por lo tanto comprenden a las dos partes del negocio; antes de ser nombrados se les seleccionó excluyendo todo posible contacto personal con las partes en la controversia, y el asesor jurídico de la GCA amonesta el proceso. Un representante local quizá no sepa exactamente cómo se decidió el laudo arbitral pero tendrá una idea clara del proceso y podrá explicar más o menos cómo se llegó al resultado. Esto es muy útil para que un exportador decida si debe apelar o no.

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