Es interesante observar, que la normalización de la
calidad no solo significa que los cafés a descuento no son aceptables, sino
tambien que no desean los cafés de mejor calidad o de mejor tamaño del grano, y
que no pagarán primas. Los requisitos principales son que el café debe aportar a
la mezcla lo que el tostador espera y que cada remesa ha de tener las mismas
características.
Está
totalmente excluido aceptar diferencias de calidad, o solucionar estas
controversias mediante el pago de descuentos o por arbitraje. Si el café no es
el correcto será rechazado. No solamente debe ser la calidad de cada entrega
comparable con la anterior, sino que también debe ser uniforme en toda la
partida, de un saco a otro y de un contenedor a otro. Lo esencial es la consistencia.
Todo lo dicho anteriormente concerniente al respeto
por la calidad, aplica también a las clasificaciones normales o estándar. Es
evidente que la calidad de estos cafés no es tan interesante; por lo que sería
justo decir que en general los cafés de tipo normal no inspiran mucho entusiasmo
y ofrecen una calidad de bebida fácilmente igualable.
En la calidad normal el
precio es un factor comercial mucho más importante que en el café ejemplar o
especial, donde lo esencial es la calidad. Los precios de la calidad normal
también son en general bien conocidos, por lo que la única salida que tiene el
exportador para ganar a la competencia es ser más eficiente, más digno de
confianza, más consistente y más flexible.
Hay quienes acusan a los tostadores en gran escala
de disminuir gradualmente la calidad del café para la venta minorista mediante
innovaciones técnicas y cambios en el producto (tostado a gran velocidad y gran
rendimiento, tratamiento al vapor de robustas, introducción del café líquido,
etc.)
Se cita a veces a Alemania como un ejemplo de
preferencias cambiantes en cuestión de calidad: en 1990 los arábicas suaves de
Colombia y otros arábicas suaves representaban el 73 % de las importaciones del
grano verde y Colombia era el principal proveedor, pero en 2005 los arábicas
suaves de Colombia y otros arábicas suaves llegaron solamente al 38 %. La
participación de los naturales brasileños (33 %) y robustas (29 %) crecieron al
62 % y Viet Nam suministró un millón de sacos más que el anterior máximo
proveedor, Colombia.
Por otra parte, otros dirán que no hay suficiente
café de calidad en el mundo que permita a los mega-tostadores de la actualidad
mejorar la calidad de las mezclas normales sin provocar graves distorsiones en
los precios, si bien otros productos agroindustriales, como el vino, parece que
responden fácilmente a una estructura de precios muy segmentada. Además, el
patrón de demanda en algunos países está cambiando también, como en Alemania
donde los cafés ácidos se dice que tienen menos demanda.
Sea lo que fuere, los orígenes y exportadores
pequeños no pueden competir fácilmente en algo que se ha convertido en un
negocio puro de productos básicos a granel. No tienen ventajas competitivas y
carecen de las economías en escala de los grandes participantes. Es imposible
que añadan valor, porque solo se buscan grandes cantidades de productos
estándar.
Los
mega-tostadores no tienen tiempo ni deseo de ocuparse de las pequeñas cantidades
de cafés ejemplares. Algunos participan indirectamente en el negocio de
especialidad, pero lo hacen a través de unidades comerciales separadas. A pesar
del estímulo que tiene el mercado de especialidad, no debe olvidarse nunca que
el negocio del café normal representa el 85 % o más de las importaciones de café
en el mundo y que por lo tanto no se lo debe ignorar.
Actualizado 11/2007