No es cierto que los pequeños agricultores no puedan
nunca competir con la calidad de las grandes fincas. Durante años y años muchos
pequeños agricultores de Kenya han obtenido continuamente rendimientos
superiores a los de grandes fincas bien administradas, cultivando las mismas
variedades. Mucho depende de las circunstancias personales de cada pequeño
agricultor, y es justo decir que muchos de ellos enfrentan al mundo con
circunstancias muy difíciles.
No existen datos precisos sobre la proporción de
café procedente de grandes haciendas y de pequeños agricultores en la producción
mundial total. Pero se cree que más de la mitad de la cosecha mundial de café se
ha cultivado en fincas de menos de 5 hectáreas.
En África sólo un 5 % a 6 % de la producción anual
de aproximadamente 1 millón de toneladas se cultiva en grandes fincas. El 95 %
restante es cultivado por personas cuyas terrenos suman de una o dos hectáreas a
diez hectáreas, con sólo unos cuantos centenares de cafetos, y a veces
menos.
El principal recurso mundial de cafés originales, y
su futuro, reside probablemente en el sector de los pequeños agricultores.
Irónicamente debido a la heterogeneidad de gran parte de estos cafés (cada
remesa comprende la producción de muchos pequeños cultivadores), a menudo no
consiguen entrar en el segmento ejemplar del mercado de especialidad porque les
falta perfección visual, o porque son "desconocidos" y es más fácil
comercializar cafés más conocidos.
Por otra parte, su disponibilidad no siempre es tan
adecuada o regular como exigen las expectativas, lo que limita su alcance en el
mercado. Incluso así, parece razonable afirmar que la incapacidad general del
mercado en años recientes para prestar un apoyo amplio a los cafés de calidad de
pequeños agricultores, si se exceptúan cantidades relativamente pequeñas de
cafés especiales, está contribuyendo a reducir la presencia de estos cafés. Sin
precios dignos no hay razones para esperar que el pequeño agricultor invierta en
la calidad.