En el último decenio del siglo XX hubo una gran
crisis económica en Europa Oriental, América Latina y Asia. El sistema bancario
internacional sufrió pérdidas importantes. Esta experiencia ha obligado a
imponer evaluaciones del riesgo de los préstamos mucho más estrictas así como
nuevas reglas sobre la proporción que los bancos deben mantener entre el
"capital propio y el préstamo": cuanto mayor es el factor de riesgo más alta
deberá ser la proporción entre el capital propio y tal préstamo. Estas reglas
"bloquean" el capital, reducen la cantidad de crédito disponible y aumentan los
costos. A pesar de la globalización y de la afirmación de que el mundo se ha
convertido en un gran mercado, los bancos en general actúan con mucha mayor
selectividad al decir cuánto, para qué fin y a quién concederán préstamos en qué
países.
Al enfrentar estas limitaciones, algunos banqueros
están buscando la manera de como establecer una protección a su propia
exposición al riesgo al asegurar parte de
estos riesgos. Por ejemplo si se prestan fondos contra recibos de almacén en un
país productor de café y estos recibos de almacén son considerados de buena
calidad (de un dador importante) y por consiguiente son libremente negociables,
en teoría estos recibos pueden "asegurarse". Es decir que pueden traspasarse,
como cualquier instrumento financiero, a otras instituciones financieras, lo que
reduce la exposición o el factor de riesgo del primer prestamista. Estos recibos
de almacén tienen el mismo estatuto negociable que los certificados de depósito de almacén. Deben también
satisfacerse muchos otros requisitos previos.
La liberalización y desreglamentación en los
decenios de 1980 y 1990 causaron enormes cambios en la comercialización de las
exportaciones de café en todo el mundo: introdujeron nuevas normas, mercados
abiertos y diferentes participantes. Pero no todos los nuevos participantes eran
dignos de crédito desde una perspectiva bancaria internacional, y la
inestabilidad de los precios aumentó enormemente. A consecuencia de ello la
financiación del comercio del café ha llegado a ser menos "bancaria", más
arriesgada y menos atractiva.
Añádase a ello algunos incumplimientos bastante
espectaculares causados por cambios repentinos de los precios, exceso de
transacciones, exceso de precios y problemas de calidad, y no es extraño que
muchos bancos consideren que este negocio representa mucho riesgo y deja poco
margen. En consecuencia, el número de bancos dispuestos a conceder préstamos a
los productores y comerciantes de productos básicos está disminuyendo en vez de
aumentar. Pero los que quedan están más enfocados en estos productos básicos,
ven nuevas oportunidades y saben cómo reunir la información necesaria. Por lo
tanto tienen una mejor visión del negocio real. A menudo estos bancos financian
toda la cadena, desde el tostador o importador retrocediendo hasta el
exportador, sobre todo cuando el comprador apoya
activamente la solicitud del prestatario.
Otras iniciativas tienen por objeto poner a
disposición de cultivadores individuales y de grupos de pequeños agricultores
los instrumentos de la administración de riesgo como parte integrante del
crédito al producto. Es probable que los recibos de almacén (electrónicos)
acaben desempeñando una función importante en todo ello. En general, las
soluciones modernas de financiación del comercio cafetero proceden cada vez más
de bancos extranjeros especializados y no de los bancos de los mismos países
productores de café.