Con el correr del tiempo, la certificación ha
llegado a ser un instrumento indispensable para muchos productos agrícolas,
especialmente para aquellos particularmente perecederos como las frutas y
verduras. La etiqueta "Flower" (flor) requerida en las frutas y verduras
importadas por muchas cadenas de comercio minorista en el Occidente, constituye
un buen ejemplo.
Pero estos son productos vendidos directamente a los
mismos consumidores, es decir que estos productos no son transformados, y como
tal, la certificación efectivamente les asegura penetración al mercado. Y esto
se debe a que la etiqueta demuestra a los usuarios finales que los productores
observan las prácticas de buena agricultura y administración; protegen al
ambiente, utilizan prácticas seguras sobre el uso de pesticidas, y que en
general se adhieren a la protección de los recursos naturales. Por lo tanto, el
producto es aceptado como seguro y pro-ambiente.
Para el café, la situación es algo diferente porque
los agricultores de café básicamente proveen el grano verde a los torrefactores
en el extranjero, quienes a su vez producen y venden el producto final. Por lo
tanto, en la mayoría de los casos el usuario final desconoce la identidad del
país productor, y la del mismo productor. En consecuencia, el consumidor tiene
menos conocimiento del proceso de la producción del café, por lo que uno puede
preguntarse si la certificación (o verificación) en si misma realza la
comercialización del café.
En la industria del café, los programas de
certificación además garantizan, por medio de un certificado, que reglas
especificas y regulaciones de normas voluntarias son observadas. Las etiquetas
sobre envases ponen esto hecho al conocimiento del usuario final a nombre de los
productores y, frecuentemente, se espera que el usuario final pague una prima
para recompensar al agricultor por sus esfuerzos específicos.*
Nótese que el alcance de cafés con precios prima,
puramente basados en su calidad, en teoría no tiene límite porque tiene un
atractivo directo y universal entre muchísimos usuarios finales. El mercado del
café de calidad o de especialidad (gourmet) está aumentando constantemente, es
decir que este sector del mercado está propulsado por la demanda y denota un
crecimiento vigoroso.
Pero el alcance de precios prima, basados en la
certificación (en vez de ser basados en la calidad), es limitado por la demanda.
Y esto se debe a que para muchos, si no es para la mayoría de usuarios finales,
la calidad intrínseca del producto tiene mas importancia que su certificación de
conformidad a códigos o normas de conducta. Por lo tanto, el potencial para los
cafés certificados que requieran ser vendidos a una prima, está confinada a los
mercados nicho. La oferta de tales cafés no siempre está propulsada por la
demanda, y con el tiempo algunos llegarán a ser producidos en exceso. Por ello,
mientras que la certificación definitivamente ayuda a la imagen del café y puede
realzar su valor, a la larga la certificación en si misma (sea sin la "calidad")
no proporciona garantías de precios prima. Pero puede ayudar a la
comerciabilidad del café . . . . .
* La verificación así mismo asegura que ciertos
criterios y prácticas han sido seguidos, pero no hace uso de certificados o
proclamaciones sobre los envases en venta al consumidor final. Típicamente, la
verificación sirve como un instrumento de comercialización para el mercado común
ofreciendo acceso al mismo mercado, en lugar de buscar una prima, y así mejora,
por un lado, la eficiencia, la sostenibilidad y la rentabilidad del productor,
mientras que por otro lado permite que los compradores formulen decisiones mas
informadas respecto al producto que compran y procesan.
Obsérvese que actualmente, el mercado común toma
cuenta del 85 al 90% de todos los cafés verdes exportados desde naciones
productoras. Con el correr del tiempo se puede esperar que los compradores en el
mercado común vayan a insistir en ciertas garantías sobre la forma en que el
café que ellos compran haya sido producida, lo que resultará en la exclusión
gradual de los productores que no puedan o no deseen dar esas garantías. La
verificación entonces parece que sería el mejor instrumento, realzada en muchos
casos por la certificación con vías a un tipo de mercado nicho en
particular.
Actualizado 10/2007